Naturaleza y bienestar.

Un paseo corto, mirar por una ventana, caminar descalzos en nuestro jardín…todo esto tiene el poder de cambiar nuestras ondas cerebrales de forma similar a la meditación.

Baños de naturaleza.

Dice Elsa Punset en “El libro de las pequeñas revoluciones”: “Aunque no seamos conscientes de ello, nuestros ritmos naturales están sincronizados con la naturaleza… Existen otras razones por las que el mundo natural nos resulta tan terapéutico: la naturaleza, en su increíble diversidad, hace que nada de lo que somos nos parezca extraño o rechazable. Nos integra, no nos excluye ni nos compara. Cuando estamos en un entorno natural, el tiempo artificial que marca el reloj también desaparece y nuestra necesidad diaria de organizar cede ante el incontrolable mundo natural porque no puedes evitar la lluvia, mandar en las mareas o retrasar la puesta del sol. Sólo puedes contemplar su belleza y su fuerza, de la que formas parte intrínseca. Por todo ello, ¡necesitamos darnos baños de naturaleza!”

Convivimos en un mundo natural tan inmenso y rico que es gracias a él que podemos entender lo “prescindibles” y a la vez importantes que somos; es como “verse a escala” y sabernos pequeños pero únicos. De la naturaleza también podemos aprender que hay mucho en esta vida que se explica por si mismo, principio y fin, mucho que “es” sin más ambición y así está correcto y que, a menudo, hay que pasar por distintas estaciones para encontrar el bienestar como ella pasa.

Una visita al mar.

Hay múltiples investigaciones sobre los beneficios del mar. Aquí sólo algunos de esos beneficios que nos aporta hacer una visita al mar:

  • Fundamentalmente, como ocurre con la Naturaleza en general, es un espacio donde nos alejamos de la “sobreestimulación” diaria a la que estamos expuestos. Creamos una burbuja libre de estrés al observar y escuchar el oleaje.
  • La inmensidad del mar, su color y su movimiento genera un estado “hipnótico”, transcendental, que nos relaja y nos carga de energía. Comprendemos lo “pequeños” que somos, relativizamos las preocupaciones, dejamos ir y dejamos llegar con el vaivén de las olas, abandonamos las rumiaciones…
  • La cadencia y el sonido del mar posibilitan el fomento de ondas alfa en nuestro cerebro que nos hacen estar más tranquilos y relajados: encontramos claridad mental, orden en las ideas y las emociones.
  • Si hay relajación y orden en las ideas y las emociones, se fomenta la creatividad: puedes encontrar nuevas alternativas a una preocupación, encontrar el camino a seguir…

Hay infinidad de formas de estar en contacto con el mundo natural y sentirse relajado: mirar las nubes, observar las estrellas, darse un baño, acariciar una mascota, volar una cometa, observar una fogata, visitar un parque de tu ciudad, tomar el sol, hacer un picnic…Sólo tienes que encontrar las que tú prefieras y dejarte llevar.