El buen amor.

“Entre el deseo y la realidad hay un punto de intersección: el amor”. Octavio Paz.

Según la Teoría triangular del amor del psicólogo Robert Sternberg no se pueden entender las relaciones amorosas sin tres componentes básicos: la intimidad (afecto) entendida como aquellos comportamientos o actitudes que favorecen el acercamiento; la pasión como estado de unión con el otro y la decisión o compromiso de amar a esa persona y mantener ese amor tanto en los buenos como en los malos momentos. Distingue además hasta 7 formas de amor: cariño; encaprichamiento; amor vacío; amor romántico; amor sociable o de compañía; amor fatuo o loco y el amor consumado.

A pesar de haber numerosas teorías que intenten explicar este tipo de relaciones interpersonales: ¿Somos conscientes en nuestras relaciones? ¿Nos paramos a pensar si cumplen todos estos requisitos y algunos más para que la relación sea sana?

Relaciones conscientes.

Sabemos, por evidencias científicas, que cuando nos enamoramos, estamos bajo cierto “secuestro emocional” por el gran despliegue de hormonas que se dispara. Ser consciente de nuestras relaciones afectivas parte de este mismo punto: saber que el funcionamiento del cerebro ha variado, que aún así, el hecho o no de “vivir” esa historia sentimental es una decisión que debería sustentarse en estas y otras cuestiones importantes condición sine qua non:

  • Buenos tratos (expresión mutua de afecto; solución pacífica de conflictos, etc): ¿Te sientes querid@? ¿Te sientes cuidad@?
  • Voluntad y deseo: ¿Quieres estar con esa persona? ¿Te gusta, te atrae…?
  • Compromisos pactados: ¿Habéis acordado el tipo de relación que construis?
  • Lealtad y respeto mutuo: ¿Sientes que puedes mostrarte tal y como eres? ¿Confías en esa persona? ¿Te respeta?
  • Vidas propias y personales: ¿Conservas amigos previos a la relación? ¿Tienes tu propio espacio personal?
  • Posibilidad de comunicación: ¿Te sientes abandonad@? ¿Puedes expresar tus emociones? ¿Existe diálogo? ¿Hay posibilidad de resolver los conflictos que se produzcan a través de las palabras?
  • El lenguaje físico del cuerpo: ¿Sientes ansiedad cuando estás lejos de esa persona? ¿Sientes reacciones físicas molestas ante su forma de expresarse y/o comunicarse contigo?

El entendimiento íntimo conlleva compartir vulnerabilidades físicas y emocionales.

“Los límites del amor saludable”

Walter Riso es autor de múltiples libros técnicos y de divulgación sobre temas de las relaciones afectivas. En “Los límites del amor” (2006) ubica al lector para que reconozca en qué circunstancias se sobrepasan los límites del buen amor y así pueda vivir más plenamente la vida en pareja (no como autorrealización, más bien como elección) consciente de las ventajas de tener un amor con derechos y deberes.

Señala en principio que ninguna historia de amor debería tener continuidad si: no te quieren, obstaculizan tu propia autorrealización o se vulneran tus principios o valores. Como saludable alternativa propone el “amor democrático” que se compone de 3 valores: el amor solidario (no me perteneces, somos equipo por elección), el amor recíproco (intercambio afectivo y material equilibrado; privilegios distribuidos equitativamente; acceso a derechos y deberes igual para las partes; no hay sensación de “estafa” afectiva; no tener que hacer recordatorios de tus necesidades reiteradamente, etc) y el amor voluntario (no hay control ni necesidad de pedir permiso; expresas tus puntos de vista cómodamente; las obligaciones no te asfixian; sientes que creces como persona, etc).

“El buen amor es un problema de calidad total. Es cualitativo más que cuantitativo. El “cómo” tiene que ver con esos valores guía (reciprocidad, solidaridad y autonomía) y con el amor digno y el amor justo. Cuando ponderamos la cantidad por encima de la calidad afectiva, distorsionamos la verdadera esencia del amor”. Walter Riso.

El buen amor es una fuerza que ni Einstein pudo explicar, no es puramente lógico. No se circunscribe únicamente a las relaciones sentimentales y si es realmente bueno, sólo merece ser vivido.