ASERTIVIDAD

La asertividad es una habilidad social; es decir, una conducta que nos permite comunicarnos con los demás de forma eficiente de acuerdo con nuestros propios intereses y bajo el principio de respeto mutuo. Con ella, cada uno es capaz de reconocer sus propios derechos y los de los otros sin necesidad de herir o minusvalorarlos.

La asertividad es uno de los estilos comportamentales (entre el pasivo y el agresivo) que nos permite expresar claramente nuestras necesidades, emociones, sentimientos, opiniones y los derechos legítimos que nos han sido otorgados por el mero hecho de haber nacido (derechos asertivos). Así, la persona asertiva mantiene el respeto hacia los derechos y necesidades propios, respeto hacia uno mismo sin necesidad de amenazar o castigar a los demás (como ocurre, por ejemplo, en el estilo comportamental agresivo).

Las personas asertivas (aunque nadie lo es completamente en todos los momentos de su vida) se caracterizan, entre otras cosas, por ser honestas y utilizar una comunicación directa (tanto verbal como no verbal); por tener autoconfianza y respeto (hacia sí misma y hacia los demás); por tener inteligencia emocional y ser “libres”; esto es, libres para manifestarse, para comunicarse y con una actitud activa ante la vida (no “pedirían permiso” por el “espacio que ocupan” o por tener una opinión propia como sería característico de un rol pasivo).

Las personas asertivas no evitan el conflicto si este es necesario para resolver una situación pero tienen la capacidad de hacer críticas o reclamaciones sin agredir los derechos asertivos de los demás. Su comunicación es directa sin ser dañina y procuran evitar que se les manipule (todo lo que no sea una comunicación directa, les hace sentir incómodos).

La asertividad, así como la autoestima o el autoconcepto, es otra tarea vital. Es difícil ser asertivo siempre en toda situación pero es un signo de mucho auto-respeto y de respeto a los demás.